A dos días de su ingreso al centro de detención, la mujer acusada de asesinar a su hijo Ángel atraviesa un escenario de máxima tensión dentro del pabellón.
Según trascendió, la llegada de la imputada no pasó desapercibida entre las internas, quienes habrían reaccionado con una fuerte hostilidad, obligando a las autoridades a tomar una decisión urgente: su aislamiento preventivo por motivos de seguridad física.
Fuentes vinculadas al ámbito penitenciario indicaron que este tipo de casos —particularmente aquellos que involucran delitos contra niños— suelen generar un rechazo inmediato por parte del resto de las detenidas. En este contexto, la situación se habría agravado por la presencia de internas con peso dentro del pabellón, entre ellas Micaela Marlene Ortellado, quien cuenta con antecedentes penales y una condena unificada a cinco años de prisión por delitos vinculados al encubrimiento agravado.
De acuerdo a la información disponible, Ortellado sería considerada una figura de liderazgo informal dentro del sector, con influencia sobre otras internas. Entre ellas se menciona a Carolina Ayelén Barrionuevo, condenada a cuatro años de prisión por una serie de robos agravados y otros delitos contra la propiedad. Ambas integrarían un grupo con fuerte presencia dentro del pabellón, lo que habría contribuido a un clima aún más adverso para la recién ingresada.
Ante este panorama, el personal penitenciario decidió aislar a la acusada para evitar posibles agresiones, en una medida que apunta a resguardar su integridad física mientras avanza la causa judicial en su contra. La situación es monitoreada de cerca por las autoridades, en un contexto donde la convivencia intramuros se vuelve especialmente delicada frente a determinados perfiles delictivos.
Por el momento, no se han brindado detalles oficiales sobre la evolución de su estado ni sobre eventuales cambios en su régimen de detención, aunque se espera que en las próximas horas haya definiciones en función de la evaluación de riesgos dentro del establecimiento.


